Las vacaciones pueden aumentar el riesgo de recaída en las personas que están en proceso de recuperación de una adicción. El verano suele ser sinónimo de descanso, viajes y tiempo libre, pero también implica cambios en las rutinas, reuniones sociales y una mayor presencia de alcohol u otras sustancias. Todo ello puede dificultar el mantenimiento de la abstinencia si no se cuenta con estrategias para prevenir una recaída.
La buena noticia es que es posible disfrutar del verano sin poner en peligro la recuperación. La clave está en anticiparse a los momentos de riesgo y cuidar aspectos individuales y externos que favorecen el proceso.
Señales de alerta: ¿estás en riesgo de recaída?
Una recaída no suele producirse de forma repentina. En la mayoría de los casos, es el resultado de la suma de diferentes factores que, poco a poco, van debilitando las estrategias de afrontamiento.
Antes de que se produzca una recaída suelen aparecer pequeñas señales que conviene identificar a tiempo:
- Pensar con frecuencia en consumir.
- Idealizar el consumo y olvidar sus consecuencias.
- Descuidar la rutina o el autocuidado.
- Aislarse de las personas de apoyo.
- Sentir que «ya está todo superado» y bajar la guardia.
Reconocer estas señales de alerta no significa vivir las vacaciones con miedo, sino actuar a tiempo para proteger la recuperación.
Planificar las vacaciones para prevenir una recaída
Uno de los errores más frecuentes es pensar que, después de un tiempo sin consumir, ya no es necesario seguir cuidándose.
La recuperación es un proceso continuo y, precisamente por eso, conviene planificar las vacaciones con la misma naturalidad con la que organizamos un viaje o hacemos una maleta.
Pregúntate antes de que empiecen las vacaciones:
- ¿Habrá situaciones en las que se consuma alcohol?
- ¿Cómo actuaré si estoy en una situación de riesgo?
- ¿Con quién puedo hablar si me siento vulnerable?
- ¿Qué actividades quiero hacer durante esos días?
La prevención de recaídas comienza mucho antes de que aparezcan las ganas de consumir. Prepararse con antelación es una de las herramientas más eficaces para proteger el proceso de recuperación.
Mantén una rutina, aunque estés de vacaciones
Descansar no significa perder toda la estructura del día. Dormir a horarios similares, mantener una alimentación equilibrada, hacer ejercicio y reservar tiempo para actividades agradables aporta estabilidad emocional y disminuye el riesgo de actuar por impulso.
No hace falta seguir un horario rígido, pero sí conservar aquellos hábitos que favorecen el bienestar.
No idealices el consumo
En verano es fácil caer en pensamientos como:
- «Por una cerveza no pasa nada.»
- «Todo el mundo está disfrutando.»
- «Después de tanto tiempo, ya lo controlo.»
Estos pensamientos forman parte de lo que conocemos como pensamientos de autoengaño, propios de la adicción. Su función es hacer que el consumo parezca menos peligroso de lo que realmente es. Son explicaciones que intentan justificar una conducta que puede poner en riesgo el mantenimiento de la abstinencia.
Cuando aparezcan, intenta detenerte un momento y recordar por qué decidiste dejar de consumir y todo lo que has conseguido desde entonces.
Ten un plan para los momentos difíciles
No todas las situaciones pueden evitarse, pero sí podemos decidir cómo responder ante ellas.
Si notas que aumentan las ganas de consumir:
- Sal del lugar si lo necesitas.
- Llama a una persona de confianza.
- Da un paseo.
- Rodearte de personas que respeten tu proceso.
- Recordar por qué decidiste iniciar tu recuperación
Pedir apoyo a tiempo puede evitar que un momento complicado termine convirtiéndose en una recaída.
Descubre nuevas formas de disfrutar del verano
Una de las creencias más frecuentes es pensar que las vacaciones serán aburridas sin alcohol u otras sustancias. Sin embargo, la recuperación también implica aprender a disfrutar del ocio desde otro lugar.
Aprovecha el verano para descubrir actividades que te hagan sentir bien:
- Practicar senderismo o actividades al aire libre.
- Leer ese libro que llevas tiempo posponiendo.
- Hacer deporte.
- Pasar tiempo con personas que aporten tranquilidad.
- Visitar nuevos lugares.
- Disfrutar de la playa o la piscina sin que el consumo sea el centro del plan.
Con el tiempo, el cerebro vuelve a asociar el placer a experiencias saludables y no al consumo.
¿Cuándo es recomendable buscar ayuda profesional?
Si antes de las vacaciones sientes preocupación por determinadas situaciones, si aparecen deseos intensos de consumir o si notas que te resulta difícil gestionar el tiempo libre, acudir a terapia puede ayudarte a reforzar tus estrategias de prevención.
La terapia permite identificar los desencadenantes personales, trabajar las emociones que favorecen el consumo y desarrollar herramientas para afrontar el verano con mayor seguridad y confianza.
Cómo disfrutar de unas vacaciones sin recaídas
Las vacaciones pueden suponer un reto para las personas en recuperación, pero no tienen por qué convertirse en un motivo de recaída.
Planificar con antelación, mantener ciertos hábitos, rodearte de personas que respeten tu proceso y recordar por qué decidiste dejar de consumir son algunas de las herramientas para cuidar de ti.
Recuerda que recuperarse de una adicción no consiste únicamente en dejar de consumir. También implica construir una vida que merezca ser vivida, en la que el bienestar, las relaciones y el disfrute no dependan del alcohol ni de ninguna otra sustancia.
Este verano, el mejor plan puede ser seguir cuidando de ti.