Apego es el vínculo emocional que se establece entre un bebé (desde sus primeros momentos de vida) y su madre/cuidador, basado en la interacción que se establece entre ambos. Mediante este vínculo se cubren las necesidades básicas del recién nacido, su cuidado, así como su desarrollo psicológico y de personalidad.
Este vínculo hará que el niño sienta mayor o menor seguridad para explorar el mundo, enfrentarse a situaciones amenazantes o para establecer otras relaciones sociales. En función del tipo de apego que se establezca, tendrá un efecto u otro en el funcionamiento psicológico posterior de la persona, en su forma de pensar y de sentir.
¿Qué tipos de apego existen?
- Seguro: el niño percibe incondicionalidad por parte de su cuidador, sabe que está ahí. El cuidador es constante en el cuidado y la comunicación con el bebé, hay una interacción fluida y eficaz. Cubre sus necesidades y permite que el niño interprete el mundo y afronte sus relaciones sociales desde la seguridad y el bienestar emocional.
- Ansioso-ambivalente: el niño siente inseguridad ante la sensación de intermitencia del cuidador, percibe que a veces está y a veces no está. En lo que respecta a la exploración del mundo, lo harán con escasa relajación y miedo a separarse de la figura de apego. Buscan constantemente la aprobación del cuidador y están muy atentos a posibles separaciones, que son vividas con elevado malestar emocional. Las emociones que prevalecen son el miedo y la angustia.
- Evitativo: el niño que desarrolla este tipo de apego ha aprendido que no puede contar con su figura de apego, evidencia conductas de distanciamiento emocional y no se observa malestar emocional ante la separación. Sin embargo, a pesar de no manifestarlo, el niño sufre por ello, no se siente valorado ni querido y evita establecer vínculos de intimidad.Pese a perecer muy autónomos e independientes, la realidad es que no esperan nada de los demás, les cuesta mucho entender sus emociones y leer las emociones del resto.
- Desorganizado: este tipo de apego se desarrolla ante formas de cuidado negligentes o inseguras. Es una forma de apego completamente opuesta al apego seguro. Los niños evidencian conductas inadecuadas, escasa o nula confianza en la figura de apego, por la que incluso pueden sentir miedo. En lo referente a la expresión emocional son niños que manifiestan conductas explosivas, elevada impulsividad, y dificultades en las relaciones con otras personas. Tienen muchas dificultades para vincular afectivamente y para expresar emociones positivas.
¿Qué efectos tiene el estilo de apego en el desarrollo adulto?
El apego seguro permitirá que la persona establezca relaciones interpersonales basadas en la confianza, con un alto grado de implicación emocional. Se sentirán seguras y confiadas, independientes y sin miedo al abandono. Se sentirán valoradas por las personas de su entorno. También facilita que la persona tenga una buena autoestima, y que trabaje activamente para conseguir los objetivos que se vaya planteando en su vida.
El apego ansioso-ambivalente se caracteriza en la edad adulta por la presencia de ansiedad y el miedo a estar solos. Buscan la cercanía de otras personas constantemente, la aprobación externa, pudiendo desarrollar relaciones dependientes emocionales. Se trata de personas que tienen miedo al abandono, especialmente en las relaciones de pareja. Las manifestaciones emocionales más frecuentes son miedo, ansiedad, dudas, dificultad para tomar decisiones, inseguridad, baja autoestima, etc.
El apego evitativo tiene como característica principal en la edad adulta la desconexión emocional que evidencia la persona, tienen dificultades para gestionar sus propias emociones y para entender las de los demás. Sienten escasa vulnerabilidad, debido a que no contactan con sus emociones, se perciben independientes y autosuficientes, con una buena autoestima. Los problemas en la gestión emocional pueden dar lugar a la presencia de alteraciones psicosomáticas, así como también son frecuentes las dificultades en los vínculos más íntimos como pueden ser las parejas.
El apego desorganizado condiciona en gran medida el buen funcionamiento del adulto. Se trata de personas que no comprenden las emociones de los demás (grandes dificultades para empatizar) y han normalizado la agresividad y la violencia (no respeto a personas del entorno). No establecimiento de vínculos afectivos íntimos. Mayor predisposición al desarrollo de alteraciones psicológicas y emocionales.
Cuando puede estar afectando a la forma de interacción contigo mismo, con los demás o con el mundo, es importante realizar psicoterapia para ser consciente de por qué a veces respondes de una forma que no quisieras o que no es de tu agrado y modificarlo. Mediante la psicoterapia el estilo de apego se puede reajustar para adaptarnos mejor a nuestro entorno y tener una mejor relación con nosotros mismos y con los demás.