La adolescencia es un periodo único y complejo a través del que se deja la niñez para dar paso a la edad adulta. No resulta fácil para el propio adolescente por todos los cambios que sufre física, psíquica, social o emocionalmente, pero tampoco lo es para la familia.
Durante este periodo el adolescente tendrá que descubrirse a sí mismo, encontrar su identidad y para ello suele alejarse del entorno familiar en comparación con la relación de la infancia, para centrar más su atención en la socialización con sus iguales. Pese a que todos estos cambios forman parte del desarrollo normal de la adolescencia, las relaciones entre los miembros de la familia con el adolescente van a cambiar, y, por tanto, se puede producir una desregulación del sistema familiar hasta conseguir la adaptación por parte de todos los miembros.
Para recuperar el equilibrio familiar va a resulta muy importante que se reajusten ciertas normas, que se revisen las pautas de comunicación y, en definitiva, que no aparezca resistencia al cambio que se está produciendo.
Para los padres, comprender y aceptar los cambios que experimentan sus hijos puede resultar complejo. Se enfrentan a la incertidumbre de cómo responder a las nuevas necesidades y comportamientos de sus hijos, lo que a veces puede generar sentimientos de desconcierto y frustración. También afectará al propio adolescente, quien sentirá incomprensión y hostilidad por parte del sistema familiar.
Todas estas dificultades que pueden surgir en la relación de los padres con el adolescente pueden ocasionar continuos conflictos y malestar en la dinámica familiar, incluso interfiriendo en la relación de los padres ante posibles desacuerdos.
¿Qué cambios se producen en el cerebro de un adolescente?
Durante la adolescencia, el cerebro está en proceso de desarrollo y maduración, lo que puede afectar la toma de decisiones, la regulación emocional y la respuesta al estrés. Es importante para los padres ser conscientes de estos cambios y adaptar su enfoque de crianza en consecuencia.
La corteza prefrontal es la parte del cerebro que más tiempo necesita para madurar, es responsable de la planificación, la toma de decisiones o la inhibición de impulsos. Por ello, los adolescentes suelen ser más impulsivos y no valorar las consecuencias de sus actos de la misma forma que lo haría un adulto.
También se producen cambios en las áreas relacionadas con la interacción social, por ello se observa la elevada importancia de los amigos durante esta etapa.
En lo referente al sueño, los niveles de melatonina (hormona del sueño) también varían, por ello los adolescentes tienden a permanecer despiertos hasta más tarde y se encuentran con sueño al levantarse.
Los adolescentes tienen mayor dificultad que los adultos en la regulación del estrés, dando lugar muchas veces a mayores niveles de ansiedad ante las circunstancias de su día a día. Asimismo, tienen mayor capacidad de aprendizaje pues su cerebro está en continuo cambio y crecimiento en esta etapa.
Entender los cambios que ocurren en el cerebro adolescente puede ayudar a los padres a manejar mejor esta etapa.
¿Cómo acompañar a mi hijo adolescente durante este periodo?
La comunicación va a ser un elemento clave para la adecuada adaptación. Algunas pautas importantes para su buen desarrollo:
Escucha activa Poner atención en lo que el adolescente nos comparte y hacer ver que es importante aquello que nos está trasladando.
Empatía Es importante tener en cuenta el momento vital en el que se encuentra, por qué da importancia a cosas que quizá como adultos tienen otro valor.” Ponernos en sus zapatos” desde esos cambios que están viviendo y sintiendo.
Comunicación asertiva Pueden repetirse patrones de comunicación que se dan en el adolescente, por ejemplo, alzar la voz o ignorar. Estas estrategias no favorecen que mejore la dinámica relacional, hay que comunicarse de forma clara y directa, poner límites, pero con un tono adecuado y desde el respeto.
Comunicación bidireccional Muchas veces en la conversación con el adolescente se busca obtener información y se vuelve un sinfín de preguntas ante las que el adolescente no se sentirá cómodo. Hablar con el adolescente de manera bidireccional favorecerá la confianza, la apertura y reducirá las defensas.